domingo, 27 de octubre de 2013

S.

La noche comienza entre humo, cigarros y manos. Entre risas que no se detienen, voces que no dejan de beber y silencios que no dejan de gritar. Y mientras tanto, estamos tú y yo, mirándonos a través de toda esa gente que nos acompaña y que tan solo queremos que desaparezca para poder fundirnos las pupilas. Giramos la cara despreocupados por atender a toda esa gente que nos llama y preocupados por haber roto el contrato de permanencia con la mirada. Puedo ver como me miras con la boca aunque no pronuncies palabra, aunque no tenga puestos los ojos en ti. De repente sonríes, y lo sé porque te oigo, y entonces me río. Como dos autómatas volvemos a chocar nuestros ojos en una guerra que no queremos que acabe nunca. Y la mirada se vuelve beso y el beso se vuelve vida. Las lenguas bailan las ganas con las que está jugando la noche hoy con nosotros. De pronto tu mano, y le sigue la mía, y ya no somos dos, sino uno. Nos convertimos en velocidad a tres besos por segundo y me faltan sentimientos que meter y miedos que quitar. Y la noche nos guía, nos envuelve, nos encierra, nos consume, nos alimenta y nos funde. Y nos dejamos llevar, me llevo, te llevas, nos llevamos. Y explotamos, con el corazón como testigo.

jueves, 17 de octubre de 2013

Seamos arena que no baja.

Salgo de casa con la sensación de que pasará algo, de que nos pasará algo, de que vendrás, de que no estás, de que no soy porque no somos, de que huimos, de que miramos atrás, de que ya no hay nadie, de que es tarde, demasiado tarde, de que el tiempo pasa pero también vuela, de que la caída es nuestra pero es libre, de que nos estrellamos, de que ya no miramos la luna, de que ya no veo tus ojos, de que ya no sonríes, de que ya no reímos juntos, de que no lloramos pero estamos tristes, de que nos recuerdo a la palabra melancolía, de que fuimos paseos, de que ya no hay manos unidas ni pelos enredados, que ya no siento tu cuerpo, ni tu piel, ni los escalofríos, ni la bomba que me late y tengo por corazón, que ya no es tu corazón pero que tampoco mío, que no vuelves, que no te vas nunca, que no te vayas, que nos quedemos, que seamos relojes parados, que seamos arena que no baja, que seamos y el cómo me da igual.

lunes, 14 de octubre de 2013

Nos entiendo.

No puedo entenderme. Entiéndeme que no.
No puedo entender que no nos besáramos la boca hasta desgastar la poca vida que nos quedaba, hasta arañarnos con las lenguas y lamernos con los dientes.
No puedo entender que no nos fundiéramos en un nosotros que no salía de nuestra boca pero que tantas veces habíamos gritado con la mirada.
No puedo entender que nuestra manos se fueran separando lentamente hasta convertirse dueñas de un solo cuerpo. Que no pudiéramos rozarnos cada segundo y sintiéramos que nuestra piel explotaba a la vez.
Que no puedo entender aún que no nos dijéramos que volveríamos, si sabíamos de antemano que no pasaríamos tanto tiempo sin vernos.
Pero es que luego te siento y sí puedo entendernos.
Puedo entender que esa noche fuimos nuestros y de la luna, y de cada puto sentimiento que nos recorría las venas para llegar directo al corazón e inundarlo todo de caos.
Puedo entender que nos mirásemos y no nos importase nada más que los centímetros que nos separaban de tocarnos música con las manos.
Puedo entender que me dijeses que si yo no, tú tampoco y que te sonriese como si tú no, tampoco nosotros.
Que puedo entender que lo hayamos querido todo y hayamos tenido tan poco. Pero que contigo lo breve es mejor que dos veces bueno.
Que la verdad es que no me entiendo, pero qué bien saber que sí puedo entendernos.