sábado, 13 de julio de 2013

Si supieras.

Si supieras todo el odio que tengo guardado pero nunca he utilizado.
Todas las ganas que he tenido de usarlo contra ti y mancharme de mentiras la boca. Toda esa rabia que me corría por las venas y me pedía sangrarte con palabras y herirte a lápiz y papel.
Si supieras.
Pero no lo sabes, porque siempre me termina ganando la batalla el amor. Es como el intermediario entre el odio y yo, es como el héroe de cada guerra, la buena acción del día, una sonrisa regalada, un abrazo inesperado. Que me salva. Siempre. De caer a caer contigo. Y no sabes la diferencia abismal que hay entre un acantilado vacío y un océano con vistas a ti.
Pero que tengo un corazón defectuoso y, a veces, el odio se me escapa. Y te grita, y te duele, me duele. Nos duele. Y caemos en una espiral de la que es imposible salir hasta que no me arreglo el corazón a mentiras, y dejo que el amor vuelva a sonreírme, aunque sea a medias. Y esta vez caigo sin ti, y tropiezo con la misma piedra que vi desde que te conozco y empezamos la misma historia de ni contigo ni sin ti, y vuelvo a odiarte, y vuelvo a quererte, con las mismas ganas, con el mismo odio, con el mismo amor. Y vuelvo a saltar al vacío.
Pero esta vez... ya no estás tú.

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