martes, 6 de agosto de 2013

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Perdóname, pero no he vuelto a cruzar la calle que nos vio agarrados y llenos de miradas cómplices desde que te marchaste. No he querido volver a pisar los lugares que nos vieron caminar y reírnos de la vida. Ni siquiera me he vuelto a recoger el pelo, porque a quién le va a molestar, si no estás.
Que he preferido ir andando, corriendo o en tranvía, pero no me hagas coger el autobús, porque llevan tu nombre en cada rueda y tu sonrisa en cada ventana.
Que me cuesta conciliar el sueño, porque no sabes lo difícil que es dormirse sin nadie que te coja de la cintura. Que la cama se me queda grande, esperando tu cuerpo para llenarse y así llenarme yo también.
Que echo de menos tus manos en cada centímetro de mi piel, el rozar de nuestros cuerpos y cómo juntos podíamos llegar a ser uno. Nunca me hubiera cansado de mirarte porque tienes los ojos más tristes que he visto y aun así la mirada más bonita que existe.
Que tus brazos son el puto lugar más seguro del mundo y que nunca antes había dejado de tener miedo hasta que me abrazaste.
Estaba tan llena de palabras que se me escapaban todas por la boca cada vez que te besaba porque quién quiere hablar teniendo tu boca sobre la mía.
Ojalá sepas que contigo fui tan feliz que no supe ni decírtelo.
Ojalá entiendas que contigo el mundo es un poquito mejor.
Ojalá.
Porque sé que volverás, porque sé que te quiero.

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